Lino Blanco
Nuestra carrera al matrimonio empezó con la búsqueda de papel. Después de varias opciones encontramos el adecuado, su textura y gramaje eran ideales para la ocasión por la absorción de la tinta y la posibilidad de doblarlo. Decidimos la tipografía, el color de la tinta y el diseño. Ese lino blanco doblado en cuatro y enviado con poca anticipación fue el mensajero de nuestro amor. Claro, todos esperan una tarjeta perfecta para el matrimonio del gerente de una compañía de impresión.
El amor llega de formas inesperadas y nos encuentra, querámoslo o no. La historia comenzó en un viaje en carro y, quizás como muchas otras historias de amor, terminó con la muerte. Él se fue y me lo dejó todo. Cuando Juan murió me quedé con la tristeza, los sueños, los recuerdos, el amor y el hogar.
Fui su segunda esposa. Al casarse con un hombre con historia familiar previa, hay cosas que se tienen que asumir, una ex esposa y unos hijos, que deben ir por encima de todo. Al casarse con el jefe hay que someterse a los juicios infundados y el escrutinio.
Conocí a Juan Guillermo Giraldo en una entrevista de trabajo. Después de varios filtros y pruebas tenía que conocerlo, el Gerente General de Printer Colombiana. Yo venía de trabajar con un jefe judío así que la diferencia se notó. Él fue muy amable y querido, sabía qué quería para mi puesto y para la empresa. Printer era como un hijo para él y se notaba.
A veces las cosas pasan sin razón aparente y es desgastante e innecesario pensar en las causas posibles que llevan a que algo suceda y se convierta en el comienza de una historia. Podría llamarse destino, una serie de eventos afortunados o convergencia cósmica, pero para terminar llorando en un funeral lleno de gente que me apoyaba por la pérdida de mi esposo, se me dañó el carro en un diciembre de 1994.
La reunión de fin de año de Printer era en la Calera, un pueblo cercano a Bogotá. La empresa estaba vacía, ya casi todos se habían ido en los buses dispuestos para llevarnos. Yo tenía planeado salir con Marta en mi carro, pero el Renault 9 no arrancó. Estando en la recepción llegó el señor Giraldo con una camisa amarilla verde limón, qué bien se le veía, y se ofreció a llevarnos.
Ese día lo conocí de una forma distinta, más personal, como ser humano. Pasó de ser el gerente, el administrativo, el ingeniero, el que planea, el que dice, el que lo hace, a Juan Guillermo Giraldo. En su carro escuchamos su música, le gustaba cantar. Mientras manejaba hablamos del festival de San Remo, de Salvatore Adamo. En medio de la conversación repentinamente se detenía y cantaba.
“Nuestra historia comenzó con palabras de amor
Ohhh Dios qué gran amor
Y es verdad me diste a mí un mundo de calor
yo te lo devolví
Y te confesé sin pudor todo mi corazón
de canción en canción”
Ese día empecé a creer en la existencia de Cupido, entre los dos nació una amistad, una complicidad. Entre más hablábamos más quería conocerlo, estar con él. Llegué a Printer vulnerable, terminando una relación y sin buscar lo encontré.
Una de las cosas que más rescato de él es su don de gente, podía codearse con muchas personas de poder, pero era muy amable con todos. A todos los trataba por igual, reconociendo su condición de ser humano. Aún así tenía y se daba su lugar, él era el gerente, una autoridad. Eso siempre me causó mucha admiración.
Al final de ese año y con los acercamientos esporádicos que tuvimos, decidí enviarle un mensaje por bíper en año nuevo. Al azar elegí un frase de el Profeta de Jalil Gibrán, después de un tiempo me confesó que ese mensaje aleatorio llegó justo en el momento adecuado y me lo agradeció.
Cuando todo empezó yo tenía 27 y el 43, nos llevábamos 16 años. Él era muy puntual y llegaba temprano a la oficina. Sabía que si quería hablarle, al menos saludarlo, tendría que llegar temprano, pero no soy buena madrugadora. Durante el matrimonio el tema del manejo del tiempo, la puntualidad fue un motivo de discusión.
Por esa época me gradué de una especialización financiada por la empresa y lo invité a la celebración. Para mi sorpresa aceptó, ese día conoció a mi mamá y a mi hermano y arrancó nuestra relación. En nuestra primera salida formal fuimos a un restaurante Ruso, ese día conocí y aprendí a comer caviar. Le gustaba enseñar, estando con él aprendía de su experiencia de vida y de su conocimiento.
Solía estar muy ocupado o fuera del país así que no salíamos mucho. El comienzo de la relación fue telefónico, llamada va, llamada viene. Lo extrañaba constantemente. Terminamos un par de veces porque estaba asustada, yo era una joven de clase media, muy normal, con muchos sueños profesionales y personales, pero con poco mundo. Estar con él expandió mis límites y conocimientos, pero el proceso de expansión fue complejo.
Él siempre fue muy honesto en lo que buscaba. Por el trabajo la relación fue secreta por corto tiempo, eso hizo que tomáramos las decisiones apresuradamente. Después de un viaje a Medellín en el que conocí a sus familia, me pidió que nos casaramos, en su carro en el camino de vuelta. No lo tomé tan en serie en el primer instante, pero acepté. Esa decisión cambió mi vida.
Al aceptar emprendimos un camino juntos, comenzamos una familia, una carrera para casarnos y contar nuestra relación en el trabajo. Ese momento nos fortaleció, enfrentar a las personas en Printer y resistir el cambio de trato que tuvieron, especialmente conmigo. En la luna de miel conocí a sus jefes en Alemania y visité la feria del libro de Frankfurt. Todo fue como un cuento de hadas, nuestro amor fue como un cuento de hadas.
Como dicen en los cuentos, la muerte nos separó. La familia se quedó sin su motor más poderoso, pero aprendió a andar por sí sola. De a poco nos acostumbramos a vivir sin él, a salir juntos adelante. Mi historia de amor comenzó en un carro y se hizo pública por un fragmento de lino blanco doblado en cuatro.



Comentarios
Publicar un comentario